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EL ÁNGEL DE LA GUARDA QUE TODOS TENEMOS


Muchas religiones creen en la existencia de un Ángel de la guarda personal. Ya la antigua Iglesia junto con la tradición judía, creía que Dios concedía a cada persona un Ángel para que lo acompañara en todos sus caminos; del nacimiento hasta la muerte y por sobre ésta hasta el paraíso. 

Sin embargo, hace algunos años la teología académica se burló de esta creencia calificándola de imaginación infantil carente de relación con la religión cristiana. 

Por otro lado, una encuesta publicada por la revista "Focus" afirma que muchos alemanes creen tener su propio Ángel de la guarda. Parecería incluso que los hombres creen en la actualidad más fácilmente en los Ángeles que en Dios o Jesucristo. 

Para el esoterismo se volvió moderno hablar de Ángeles visibles que se encuentran al lado de cada persona y que les transmiten importantes enseñanzas útiles para la vida. 

Las apariciones de Ángeles despiertan sin ningún lugar a duda el interés de cantidad de lectores. A través de los Ángeles lo "sorprendente" ingresa en sus vidas superficiales. Cuando afirmo que todo hombre tiene un Ángel estoy partiendo de la tradición bíblica. Me baso en historias bíblicas de Ángeles que vienen en ayuda de los hombres indicándoles el camino a seguir. 

Un Ángel se interna en la desesperación de un hombre para protegerlo y abrirle los ojos y poder ver el camino que lo guía por la vida. Las historias de Ángeles muestran cómo éstos jamás abandonan a los hombres, cómo siempre los acompañan prodigándoles cuidados y la seguridad necesaria; sobre todo cuando se encuentran solos con sus miedos. Me refiero además, también con un interés terapéutico, a aquel Ángel que cada uno de nosotros posee. 

A menudo escuché sobre personas a quienes la sola representación de su Ángel ha facilitado su recuperación. Especialmente en niños a quienes tranquiliza la imagen del Ángel de la guarda. Muchos han vivido de niños rodeados de su Ángel, quien les resultaba tan real como la muñeca o el oso de peluche con los que jugaban y dormían. 

Muchas son las personas que me narran sus vidas exclusivamente a partir de las heridas que han sufrido. Seguramente es muy importante que consideremos las lesiones y pesares que nos han lastimado en nuestra niñez o posteriormente. Pero me encuentro a menudo con personas que tan sólo hablan de sus heridas; incitadas generalmente por métodos terapéuticos que persiguen el objetivo de llegar a vivenciar esas lesiones infantiles. La verdad es que esto me resulta ya casi una manía de encontrar siempre nuevas lastimaduras. En estos casos ayudaría más, según mi opinión, concebir la idea de que esta persona no estuvo sola, sino siempre acompañada por un Ángel que la protegía y guiaba hacia lugares donde pudiera encontrar consuelo a sus pesares. 

En lugar de escarbar siempre en "la herida del no ser amado"(Peter Schellenbaum), señala para nosotros mejor buscar los rastros de los Ángeles en nuestras vidas. Denomino "Huellas de Ángel" a las marcas curativas que pueden encontrarse a lo largo de cada vida. Encuentro por ejemplo estas huellas al preguntarme dónde me he sentido bien de niño, dónde pude olvidarme de todo y sumergirme en mi mundo de juegos. 

Cuando me pregunto: ¿cuáles eran mis lugares preferidos? ¿Qué hacía allí? ¿A qué me gustaba más jugar? ¿Dónde me sentía realmente en mi elemento? Al rastrear estas huellas me daré cuenta de que no estuve solamente librado a mis débiles padres, sino que en realidad desde pequeño estuve acompañado por un Ángel. Este Ángel fue quien permitió que a pesar de todas las enfermedades y lastimaduras sobreviviera, permaneciera sano y que haya encontrado el camino a seguir en mi vida. 

Por otro lado, la idea de que cada niño tiene un Ángel puede resultar tranquilizadora también para sus padres. Para muchos padres la formación de sus hijos como personas es muy importante. Intentan, entonces, con todos sus medios evitar cualquier influencia externa que lleve a sus hijos por el mal camino. De la misma manera temen que las heridas que provocan inconscientemente a sus hijos los lastimen para siempre. Estas preocupaciones y miedos están totalmente justificados. Conozco padres que se encuentran muy inseguros a causa de libros psicológicos. Quieren no equivocarse y para ello se dejan llevar en todo momento por esos consejos psicológicos. Y esto en tal proporción que dejan de confiar en su propio sentido común y sentimientos. De esta manera el trato con los niños se vuelve cada vez más complicado. 

Puede ocurrir que estos padres temerosos dañen más a sus hijos que otros que confían en sus instintos naturales. Y esto, justamente, porque no desean por nada del mundo lastimarlos. Por ello la idea de que cada niño tenga su propio Ángel libera a los padres de estas preocupaciones exageradas. 

A pesar de todas las limitaciones de los padres en la formación que logren dar a sus hijos, los niños pueden crecer saludablemente por la compañía y tutela de su Ángel. 

Hay personas se encuentran a menudo muy desorientadas. Ya han reflexionado y hablado con otros tanto de su niñez, han intentado analizar sus problemas para solucionarlos, y sin embargo tan sólo el conocimiento de ellos no parece servirles. Solamente conocer cuándo, dónde y cómo han sido lastimados no cura sus heridas. 

Por el contrario, algunos quieren saber cada vez más sobre sus heridas y excavan tanto en ellas que terminan por revivir esas cicatrices. Para estas personas es especialmente importante que rastreen también las huellas de los Ángeles en sus vidas. No estuvieron sólo librados en su niñez al padre alcohólico o a la madre depresiva. No sólo debieron lidiar con las expresiones despectivas del tipo: "No servís para nada" "Sos una carga para mí. Sería mejor si no estuvieses". También a su lado hubo un Ángel que les enseñó un nuevo espacio vital en el cual pudieron sentirse mejor, liberados de la influencia negativa de su entorno logrando sentir algo como alivio y completud. 

Ocuparse de esta huella del Ángel puede llegar a ser tan positivo como cualquier tratamiento de las propias heridas. Si logramos ponemos en contacto con la huella de nuestro Ángel, podremos también redescubrir al Ángel que se encuentra ahora a nuestro lado y que nos quiere guiar por la vida igual que antes. Los Ángeles conservan constantemente su mano protectora sobre cada niño y cada adulto. Además mostraré qué es lo que provocan en nosotros.  

Si confiamos en las imágenes bíblicas, vamos a comprender más acerca de nuestros Ángeles que a través de especulaciones teológicas. 





AL ANGEL DE LA GUARDA, PODEROSA ORACIÓN PARA PEDIR SU PROTECCIÓN Y AYUDA

 
La doctrina católica, sostenida por los teólogos en general, dice que no sólo cada creyente, sino cada hombre (también los infieles) tienen desde el día de su nacimiento un ángel de la guarda particular.
 
Tal creencia tiene su fundamento bíblico en las palabras del Señor al referirse a los niños, pues habla de «sus ángeles» (Mt.18,10):
 
«Mirad que no despreciéis a uno de esos pequeños, porque en verdad os digo que sus ángeles ven de continuo en el cielo la faz de mi Padre que está en los cielos».
 
En Heb.1,14, leemos que los ángeles «son enviados por Dios para servicio de los que han de heredar la salvación», y como todos estamos destinados a ser tales herederos, parece ser que todos tenemos un ángel que nos sirve y nos guarda.


 
También es creencia de los Santos Padres, que no sólo los individuos en particular tienen su ángel de guarda, sino también cada nación, cada ciudad e Iglesia tiene el suyo.
 
—Tertuliano escribe: «Nosotros creemos que los ángeles son los custodios de los hombres».
 
— Y Orígenes añade: «Sí, siempre está a nuestro lado un ángel que nos dirige, nos gobierna y corrige, él es el que presenta al Señor nuestras oraciones y buenas obras».
 
—San Basilio también afirma: «Cada uno de los fieles tiene a su lado un ángel como educador y pastor que dirige su vida».
 
—San Jerónimo comentando las palabras de Jesucristo en Mt.18,10, dice: «¡Cuán grande es la dignidad de las almas, que cada una de ellas, desde el día de su nacimiento tiene asignado un ángel para que la proteja!».
 
Seamos devotos de nuestro ángel custodio, no olvidando que está a nuestro lado, y a este fin le recemos con toda devoción:


ORACIÓN AL ANGEL DE LA GUARDA
 
Angel de Dios,
bajo cuya custodia me puso el Señor,
con amorosa piedad,
a mí que soy vuestro encomendado,
alumbradme hoy, guardadme,
regidme y gobernadme.
 

Oh fidelísimo compañero y custodio mío,
destinado por la divina providencia
para mi guarda y tutela,
protector y defensor mío,
que nunca os apartáis de mi lado:
 
¿qué gracias os daré yo
por la fidelidad que os debo,
por el amor que me profesáis,
y por los innumerables beneficios
 que cada instante estoy recibiendo de vos?
 
Veláis sobre mí cuando yo duermo,
me consoláis cuando estoy triste,
me alentáis cuando estoy desmayado,
 apartáis de mí los peligros presentes,
me enseñáis a precaver los futuros,
me desviáis de lo malo,
me inclináis a lo bueno,
me exhortáis a penitencia cuando he caído
y me reconciliáis con Dios.
 
Mucho tiempo ha
que estaría ardiendo en los Infiernos,
si vuestros ruegos no hubieran
detenido la ira de Dios.
 
Quizá estaba para darse la sentencia
 contra este árbol estéril,
y vos la habéis prevenido,
orando ante el trono supremo
y diciendo al Señor:
 
Dejadle por otro año,
que yo le beneficiaré con nuevas inspiraciones,
le regaré con avisos celestiales,
y le cuidaré para que produzca el debido fruto”.
 
Hacedlo así, Espíritu soberano,
y nunca me desamparéis.
 
Consoladme en las cosas adversas,
moderadme en las prósperas,
libradme en los peligros,
ayudadme en las tentaciones para vencerlas.
 
Presentad ante los ojos de Dios mis oraciones,
mis gemidos y todas las buenas obras que hiciere,
para que siéndole agradables en esta vida,
me consigan después la eterna,
donde le alabe en vuestra compañía.
 
Amén.
 
 


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