NUESTRA SEÑORA DE LA BRECHA, HISTORIA Y LEYENDA


Muy grande es la devoción que se profesa en Chartres, Francia, a Nuestra Señora de la Brecha.
 
Pocas poblaciones existen en el mundo católico que tengan en tanta estima la milagrosa imagen que se alberga en aquella célebre ciudad de la vecina República.

Y esta devoción de los honrados habitantes de Chartres para la Virgen Santísima, bajo la citada advocación, la encontraremos muy justa y merecida si lee el relato que vamos a hacer de su milagrosa historia.

Era el año de 911.

Los normandos capitaneados por el duque Rollo, sitiaban Chartres, de la que pronto se apoderarían teniendo en cuenta los escasos recursos con que contaban los sitiados.

En tan críticos momentos, Gancelin, el piadoso prelado de la ciudad, piensa, con la ayuda de Dios y con la de su Santísima Madre la Virgen María, salvar aun a Chartres.

He aquí de que modo.

Dentro de los Muros de la ciudad, se daba culto a la Virgen Santísima en su iglesia, viéndose esta muy concurrida durante el asedio, pues todos iban a implorar su protección soberana para que les librara del furor de sus enemigos.

Observando el obispo Gancelin la sincera fe de sus feligreses, ideó valerse de ella contando que por medio de algún prodigio, que no dejarían de obrar en su favor los cielos, se retiraran los normandos y se salvase la ciudad.

Convocó a los fieles vestidos de gala al templo, que revistieron de todos sus mejores ornamentos, y tomando la sagrada imagen de la Virgen, conduciéndola él en sus brazos, la llevaron en procesión hasta el muro.

Una vez en este sitio, después de fervorosas súplicas y de varias alabanzas en honor de la Señora, hizo callar el obispo con un ademan a los sitiados, y ordenando que se abriese una brecha en el muro, mientras algunos cumplían sus mandatos, dirigiéndose a la Santísima Virgen exclamó:

"Poderosa es, Señora, la protección que dispensáis a vuestros buenos hijos, pobres pecadores como nosotros, que aunque indignos de invocar vuestro favor aquí en este sitio, nos reunimos para rogares encarecidamente que nos salvéis del gran peligro que nos amenaza. Tenemos ardiente fe en vos, solo vuestro auxilio puede echar en un momento por tierra los sanguinarios proyectos del normando, que espera nos rindamos para acabar con nuestras vidas y volar la ciudad. Puesto que vos, solo vos, podéis librarnos de tan terrible desgracia, a vos, solo a vos, encomendamos su defensa".

—Dijo el venerable prelado, y levantando con religioso respeto la imagen de María, la colocó en la brecha a vista del enemigo.

Sin que pudieran explicarse la causa, el temor y susto de los sitiadores fue tal, cuando contemplaron en el muro la imagen de la Virgen tan amada por los cristianos de Chartres, que en desordenada confusión levantaron el sitio y se retiraron precipitadamente de la vista de la ciudad.

Todavía se conocen con el nombre de Prados de los fugitivos los que se hallan cerca de la puerta Drouaise.

Por ellos huyeron los normandos espantados, llenos de pavor cuando vieron en la brecha del muro la sagrada imagen.

La fe que tuvieron los leales habitantes de la ciudad, libró a esta de caer en poder de los normandos. La devoción a la Virgen María fue la causa de este triunfo que consignan las historias, no siendo el único conseguido por los cristianos cuando han contado con el auxilio de la amorosa Madre del Omnipotente.

Describir la alegría y el asombro de los sitiados cuando vieron huir con tal terror a los normandos es empresa superior a nosotros.

En solemne procesión se volvió a llevar la útil y milagrosa imagen a su iglesia, donde desde aquel día no fue venerada mas que con el nombre de Nuestra Señora De La Brecha.

Algunos años después de aquel en que tuvo lugar el prodigio que acabamos de referir, esto es en 1116, presenciaron los habitantes de Chartres otro suceso no menos milagroso.

Distraído un monaguillo del coro de la iglesia de Nuestra Señora, cayó en el pozo de San Fort. Notaron su ausencia en los ejercicios de piedad que se verificaban diariamente en el templo, y lo buscaron por todas partes. Lo hallaron vivo y sin lesión alguna dentro del pozo, y según el mismo niño la Santísima Virgen le había librado de una muerte segura.

El asombro de los que encontraron al monacillo fue mayor cuando este les refirió que, mientras él permanecía en el pozo, oyó a los ángeles del cielo que respondían en las oraciones que se cantaban en la iglesia.

Hoy mismo se conmemora diariamente el milagro de Nuestra Señora de la Brecha, cuando se nota que a los Dominus vobiscum que se cantan en la misa mayor, y en las Horas canónicas, no se responde en alta voz con el piadoso objeto de que no se pierda la tradición de tan portentoso prodigio.
 

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