PODEROSÍSIMA ORACIÓN PARA PEDIR AUXILIO Y AYUDA ECONÓMICA A LOS SANTOS ÁNGELES


En la tradicción esotérica se habla en la actualidad muchísimo sobre Ángeles. Aparentemente existe una añoranza en los hombres por percibir y vivenciar la vida sobrenatural. 

El esoterismo incorpora imágenes de dioses paganos impregnadas por experiencias de hombres especialmente sensibles y visionarios. 

Los Ángeles forman parte del mundo astral y poseen una naturaleza especial. Ya en la primera etapa de la Iglesia este tipo de concepción concreta de los Ángeles ha despertado fascinación entre los fieles. 


ORACIÓN

Seres de luz, dulzura y abnegación,
Santos Ángeles, designados por Dios,
Nuestro Padre y Creador,
para proporcionarnos protección, ayuda e inspiración,
acudid en mi ayuda!

¡Venid de prisa, ayúdadme!

Os lo suplico en nombre de la preciosa sangre 
de nuestro Señor Jesucristo:

¡Venid de prisa, ayúdadme!

Os lo suplico por el poderoso nombre de Jesús:

¡Venid de prisa, ayúdadme!

Os lo suplico por todas las llagas de nuestro Señor Jesucristo:

¡Venid de prisa, ayúdadme!

Os lo suplico por todos los martirios 
de nuestro Señor Jesucristo:

¡Venid de prisa, ayúdadme!

Os lo suplico por la palabra santa de Dios:

¡Venid de prisa, ayúdadme!

Os lo suplico por el Corazón de nuestro Señor Jesucristo:

¡Venid de prisa, ayúdadme!

Os lo suplico en nombre del amor 
que tiene Dios por nosotros los pobres:

¡Venid de prisa, ayúdadme!

Os lo suplico en nombre de la fidelidad de Dios 
por nosotros los pobres:

¡Venid de prisa, ayúdadme!

Os lo suplico en nombre de la misericordia de Dios 
por nosotros los pobres:

¡Venid de prisa, ayúdadme!

Os lo suplico en nombre de María, 
Madre de Dios y nuestra madre:

¡Venid de prisa, ayúdadme!

Os lo suplico en nombre de María, 
Reina del Cielo y de la Tierra:

¡Venid de prisa, ayúdadme!

Os lo suplico en nombre de María, su Reina y Señora:

¡Venid de prisa, ayúdadme!

Os lo suplico por vuestra bienaventuranza:

¡Venid de prisa, ayúdadme!

Os lo suplico por vuestra fidelidad:

¡Venid de prisa, ayúdadme!

Os lo suplico por vuestra lucha en defensa del Reino de Dios:

¡Venid de prisa, ayúdadme!

¡Venid de prisa, ayúdadme!

¡Protegedme con vuestro escudo!

¡Defendedme con vuestra espada!

¡Ilumínadme con vuestra luz!

La preciosa sangre de nuestro Señor y Rey 
fue derramada por nosotros los pobres.

Insistentemente os suplico: 

¡Venid de prisa, ayúdadme!

Amén


El autor de la carta a los Colosenses advierte a los primeros cristianos: 

"Nadie debe engañarlos, en especial nadie que se base en una aparente sumisión a la devoción hacia un Ángel que se vanaglorie con visiones y que se presente a sí mismo con una importancia sin sentido." (Col 2, 18). 

Estos heréticos a los que hace referencia la carta de los Colosenses practicaban un culto a los Ángeles y se consideraban por ello superiores a los cristianos que sólo creían en Cristo. Esa misma superioridad pretendida se encuentra presente hoy en numerosos escritos esotéricos. 

Ellos pretenden saber más de lo que es posible llegar a saber. Por ello corresponde hablar de los Ángeles como resulta adecuado a la tradición cristiana.


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